Me encontraba sentada,
sin visualizar ningún punto en específico,
con los brazos cruzados recargada al otro lado de la ventana.
Tan solo oyendo a lo lejos el suave rose de los húmedos besos del agua sobre mi tejado.
Creí ser fuerte,
pero el empapador suspiro impregnado en el vidrio,
y tu mirada que no deja descansar mi alma,
me enseñó que no es cierto;
que soy más débil que el pétalo de aquella delicada rosa en invierno.
Fue tan rápido,
tan discreto,
tan silencioso que no supe cuando llegó,
¿Cuándo terminó?, tan sólo siento la desgarradora herida que has dejado con tu daga en mi humilde corazón.
Y ahora platicando con mi soledad me di cuenta que tu amor sólo fue un terrible engaño…
Abrí la ventana de mi habitación y grité hacia ti,
…grité que te amaba y que no podía odiarte,
mi alma sufría por tu engaño pero sólo grité una y otra vez… ¡regresa por favor!, ¡regresa a mi alma, a mi vida!
De pronto sentí un escalofriante murmullo,
te encontrabas ahí…
detrás de mí,
en tu mirada me volví a perder,
tu sonrisa me volvió a cautivar,
de nuevo podía oír los latidos de mi corazón destrozado…
…Caminé hacia ti,
te abrase lo más fuerte que mis brazos me permitieron; aferrándome a tu cuerpo
y sin dejarte ir
cerré los ojos,
todo era tan irreal.
Tu cálida piel revivió mis sentidos y tu dulce olor hizo arder de nuevo la magia del destino….
Lloré…
……lloré, al darme cuenta que todo era sólo un mal truco de mi imaginación,
tu amor por mi había terminado…
-¡no!, grité con inmensa desesperación.
¡Por qué tu alma se fue... como es que me has olvidado…!.....
…..
Mi soledad te recreó.
Por: Estrada Carbajal, Karla Fabiola. 17 años.Edo.de México, México.